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El arte de agradecer

Juan Linares, SDB

¡Seamos agradecidos! Gratitud es el sentimiento que experimenta una persona al estimar un favor o beneficio que alguien le ha concedido. Al sentir gratitud, el sujeto desea corresponder al mencionado favor de alguna manera.

 La gratitud es aquella virtud que nos hace tomar conciencia de los dones que hemos recibido, que, además, nos hace valorar la generosidad de aquel que nos ofrece su favor y, al mismo tiempo, nos induce a corresponder, generosamente, a las gracias recibidas y a ser capaces de ponerlo todo al servicio de los demás.

 La gratitud, como actitud, es la disposición permanente que debe estar inscrita en nuestra mente y en nuestro corazón y que nos lleva a descubrir y experimentar las cosas buenas que, continuamente, nos ocurren, trayendo una profunda alegría a nuestra vida y un profundo estado de buen ánimo.

 La palabra “gracias” debe estar tatuada en nuestro corazón y nuestros labios han de pronunciarla continuamente.

 Hemos de estar repitiendo siempre: ¡gracias!, pues es algo que nos enseñaron desde que éramos pequeños. Generalmente, podemos comprobar que cuando decimos gracias, en nuestro rostro aparece una hermosa sonrisa.


 La gratitud nos hace sentirnos bien y tiene un fuerte impacto en nuestras vidas, pues nos hace tomar conciencia de tantos bienes como nos han sido dados. Estos son algunos ejemplos, que tenemos una familia, que estamos rodeados de amigos, que poseemos una linda casa, que cada día disfrutamos de una buena comida, que se nos presenta la oportunidad de estudiar, que Dios nos bendice cada día. Así podemos llegar a la conclusión de que somos unos afortunados.

 Desde la gratitud se nos abren, continuamente, infinidad de puertas: nos hace ser más optimistas, con ella superamos mejor los problemas, nos sentimos más felices y alegres, genera cariño y confianza hacia los demás.

 Lo importante es practicar la gratitud. Nuestra gratitud debe dirigirse, en primer lugar, a Dios, por habernos dado la vida. Hemos recibido tantas gracias y bendiciones de Él que nos quedamos asombrados y hemos de estar agradecidos de su amor incondicional. La alegría de nuestra vida brota de un corazón agradecido.

 De este punto de partida nace nuestra gratitud a los demás y hacia la naturaleza. Hemos de estar particularmente agradecidos a nuestros padres, pues nos han dado la vida y nos han cuidado con ternura, sobre todo, a lo largo de nuestros primeros años. Por eso es muy hermoso celebrar el día de la madre, el día del padre. Muy acertadamente podemos aplicar a nuestros padres las palabras del Papa Francisco, ellos son “como el buen vino que mejora con la edad”.

 Y, de la misma manera, ha de seguir el camino de nuestro agradecimiento hacia tantas personas que están con nosotros en la vida y la colman de riquezas.

 Llenemos nuestra vida de pequeños detalles de gratitud, así iremos creando en el mundo la hermosa cultura de la gratitud.

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